¿Qué tan comunes son los problemas de salud mental en el Perú?
1 de cada 3 adultos en el Perú ha tenido un problema de salud mental, pero solo 15 de cada 100 reciben ayuda. Conoce por qué y cuándo pedir apoyo.
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Aproximadamente 1 de cada 3 adultos en el Perú ha tenido al menos un trastorno de salud mental a lo largo de su vida, y más de 1 de cada 8 lo tuvo en el último año, según el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi.
Estas cifras están en aumento; de enero a setiembre de 2026, el Minsa atendió a más de 1 millón de casos de salud mental, siendo la ansiedad lo más frecuente. Aun así, la mayoría no recibe ayuda. De cada 100 personas que necesitan atención en salud mental, solo 15 llegan a recibirla (Minsa).
¿Por qué tan pocas personas buscan ayuda?
Se suele pensar que el principal obstáculo es el dinero. Sin embargo, los estudios del Instituto Nacional de Salud Mental muestran que el motivo más frecuente es otro: la idea de que uno debe superarlo solo. Esa creencia pesa más incluso que el costo de la atención.
Esta idea no es nueva. «Esta barrera existe por las creencias que crecemos escuchando de nuestros padres y de nuestro entorno», explica Astrid Sánchez, directora clínica de Mi Terapia y psicóloga especializada en ansiedad, relaciones y bienestar emocional. «Existe la falsa creencia de que la terapia no ayuda o que solo sirve para desahogarse, cuando la realidad es muy distinta».
«Además, esto se refuerza desde la crianza», añade. «Muchos padres no tuvieron el conocimiento ni el acceso a la salud mental que existe hoy, y hubo mucha invalidación, como la creencia de que los niños no recuerdan nada. Hoy, muchas personas repiten esa misma invalidación que vieron o sintieron de sus padres. Por eso creen que su problema no es tan grande o que pueden solucionarlo solas: es lo que aprendieron».
Finalmente, esta barrera frente a la terapia se vuelve un problema circular: lo que no se validó en la infancia se convierte en adultos que minimizan lo que sienten y creen que deben resolverlo todo solos. Y esos mismos adultos, sin quererlo, pueden transmitir esa idea a sus hijos.
Las consecuencias del problema de la salud mental
Los problemas de salud mental rara vez desaparecen solos, y sus efectos van más allá de quien los atraviesa: alcanzan a su familia e incluso a las empresas donde trabaja.
Tampoco se quedan en lo emocional. Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos mentales son la principal causa de discapacidad en el mundo, y las personas con trastornos graves, como la depresión moderada o severa, viven en promedio entre 10 y 20 años menos que el resto de la población, sobre todo por enfermedades físicas que se podían prevenir (OMS).
En consulta, esto se nota. «Cuando una persona llega a terapia después de haber intentado manejar su malestar por su cuenta durante mucho tiempo, suele sentirse cansada y frustrada porque las estrategias que ha usado no le han dado el alivio que esperaba», cuenta Adriana Tiravanti, psicóloga de Mi Terapia especializada en Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y Psicoterapia Analítico Funcional (FAP).
Postergar la ayuda también puede hacer que el malestar se exprese en el cuerpo. «Entre las señales físicas que observo con mayor frecuencia están el cansancio, las palpitaciones y los dolores de cabeza», explica. «También es común la dificultad para conciliar el sueño».
Las relaciones cercanas también lo resienten. «Cuando un malestar no se atiende, puede hacer que nos cueste comunicar nuestras necesidades, límites y expectativas a nuestra pareja, familia o hijos, y que los conflictos se vuelvan más frecuentes», explica Andrea Salazar, psicóloga de Mi Terapia formada en Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC).
En el trabajo, el impacto es enorme. Cada año se pierden en el mundo unos 12 000 millones de días laborales por depresión y ansiedad, lo que equivale a casi un billón de dólares en productividad (OMS). Andrea describe cómo se ve en el día a día: «La ansiedad se manifiesta en la dificultad para descansar fuera del horario laboral, en la incomodidad de pensar en el regreso a la oficina durante el fin de semana, en un temor muy fuerte a equivocarse y en poner nuestro valor en el desempeño laboral por encima de otras áreas de la vida». La depresión, en cambio, «puede manifestarse como una pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban, falta de energía para tareas que antes no costaban y pensamientos de culpa».
¿Cuándo es momento de pedir ayuda?
La terapia puede ayudar a cualquier persona, no solo a quien atraviesa una crisis. Aun así, hay señales que indican que conviene no postergarla más. Para Andrea, el momento llega «cuando el malestar empieza a afectar de manera significativa la forma en la que vives, en una o en varias áreas de tu vida». Algunas señales son dejar de hacer actividades que antes te importaban o disfrutabas, notar que tu diálogo interno es casi siempre crítico, o tener cambios importantes en el sueño, la alimentación o el cuidado personal.
Y si sientes que lo tuyo «no es para tanto», su respuesta es clara: «Si está afectando aspectos que te importan o la forma en que te relacionas contigo mismo, es totalmente válido buscar ayuda. Cada persona tiene una historia diferente, y ninguna es más importante que otra».
Es hora de dar el primer paso
Pedir ayuda no es una señal de debilidad. Es la forma de romper ese ciclo de resolverlo todo en silencio. «Cuando una persona empieza terapia, se compromete a trabajar en equipo con su terapeuta para alcanzar sus objetivos, y poco a poco su esperanza empieza a crecer», dice Andrea.
En Mi Terapia, el proceso empieza con un breve triaje. Con esa información te recomendamos a la psicóloga o el psicólogo que mejor se ajusta a lo que necesitas, aunque también puedes elegir tú.
Este artículo es informativo y no reemplaza una consulta con un profesional de la salud.
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